¿Por qué sufro si hago lo correcto? La verdad que revela la historia de Job
Dios es amor. En él se encuentran los caminos de bendición, gozo y paz. Pero en la vida es difícil creer que Dios es así. El sistema financiero habla de que si no trabajas duro no comes, las leyes dicen que si te equivocas pagarás caro, la familia te da la espalda rápidamente si no ayudas en lo que te piden, y dejas de ser bienvenido en casa. Todas esas cosas hacen que te preguntes, ¿adónde se fue el amor de Dios? Porque la vida se pone dura de un día para otro a pesar de que te esfuerzas tanto, y ocurre que en lugar de respirar prosperidad te llegas a sentir agobiado hasta la muerte... Pero ¿es el sufrimiento una señal de que te estás moviendo lejos de Dios?
Es probable que hayas experimentado el sentir que tu mundo se derrumba sin razón, se diluye a pesar de que tú nadas con todas tus fuerzas buscando prosperar; y mientras tanto, a otros en tu alrededor les va bien sin siquiera ser buenos o justos o al menos tener una razón por la cual merecer más de lo que tú.
Y entonces sientes que algo no cuadra con tu vida, que debe haber un porqué a ti no te salen las cosas como mereces.
¿Dónde está Dios, para ir a hablar con él?, (Job 23:3-5) y ¿qué hice para merecer lo que me ha pasado, si nunca le hice mal a nadie? (Job 31), son las palabras que constantemente repetía el sufrido Job, según las Sagradas Escrituras. Pero ahí en la historia de Job es donde se encuentra anclada una verdad indeleble: Si bien, Job fue justo, bueno y ejemplar, no por eso se libró del sufrimiento.
Sin embargo, de esa historia también sabemos que aunque al hombre le fue mal siendo intachable, su historia no terminó mal. Su final no acabó sino en alta prosperidad. ¡Y esa es la respuesta! No sufres porque estás haciendo algo malo, sufres por propósitos divinos... y si en tu corazón duerme una justicia y una bondad reales, el resultado, aunque hoy te cueste creerlo, será como el de las páginas finales del libro de Job.
Mantente firme; y recuerda con esperanza, que saldrás de tus problemas, pues el que endereza todas las cosas no hace excepción de personas ni habla un lenguaje que tú no conoces. Dios, al haber entregado a su mismo Hijo al sufrimiento y al dolor, habló tu idioma, el idioma del amor...
¿Lo crees? Escribe Amén en los comentarios.
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