La verdadera alabanza
En todas las iglesias alrededor del mundo, que dan gloria a Dios, hay alabanza constante dirigida hacia Él. Y realmente Dios busca adoradores que le adoren en espíritu y verdad (San Juan 4:23). Así que los cultos siempre se programan para ejercer la alabanza a Dios de manera continua. Y es cierto que Dios habita en la alabanza de su pueblo 🙇🏼♂️🙇🏼🙇🏻♀️ (Salmos 22:3).
También es cierto que los cristianos solemos clasificar el tiempo de alabanza a solo cuando estamos dentro de la iglesia y es el momento de alabar.
Pero, ¿qué pasa cuando las puertas de la iglesia se cierran y vas a casa? 🤔
Otra cosa que es muy cierta es que se nos enseña que uno tiene que alabar a Dios porque Dios es quien nos bendice y hace que nos vaya bien. Y es verdad que Dios es bueno y que su misericordia es para siempre. Pero, ¿qué ocurre cuando el viento no sopla a tu favor, cuando te está yendo mal?, ¿ya no hay cantos? 😥
Hoy, Himnario Evangélico te trae una reflexión sencilla sobre el significado de alabar a Dios 🙏🏻🙏🏻. Hay una historia en el libro de los Hechos (cap. 16) en donde el apóstol Pablo atraviesa una situación muy difícil 😮💨 en su misión de llevar el evangelio de Cristo.
Cuentan las sagradas Escrituras que el apóstol fue capturado, por el hecho de anunciar a Jesús, y llevado a las entrañas de un calabozo. ¿Una situación difícil, verdad? Sin embargo, esas circunstancias que podrían fácilmente quebrarle la fe y el gozo a cualquiera, revelaron la diferencia entre una persona común y un verdadero cristiano. Pablo, junto con su compañero de jaula, en vez de llorar y renegar, hicieron lo que nadie hace en esos casos: Alabaron a Dios, mostrando que incluso cuando todo parece perdido se puede entonar una alabanza; ¿por qué motivo entonces cantaron? Por ninguno que fuera humano y terrenal. Ellos cantaron a Dios porque en sus corazones ya habían logrado comprender el principio de la alabanza genuina:
Que el gozo y la paz se fundamentan en lo que Él ya nos ha dado y nos tiene reservado después de esta vida pasajera. De ahí nace la alabanza verdadera. De que Dios, a través del sacrificio de Cristo, nos ha dado la riqueza de la vida eterna y de que viviremos para siempre junto a Él.
Por eso al apóstol no le importaba lo que le pasara en ese lugar, no le robaba la paz, no podía eso robársela, ni impedirle que hiciera lo que a él le nacía hacer ahí donde no había iglesia, ni horario de alabanza, ni motivos de prosperidad económica o buena salud, ahí donde lo único que había era oscuridad tenebrosa. Porque ahí había algo más: era la confianza plena en el ya dado regalo de Dios.
Así es como debemos ver la alabanza: no circunstancial, terrenal, sino como algo que se ofrece en agradecimiento por el glorioso porvenir.
¿Has comprendido? Comenta Amén.
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