Una fe madura

Es interesante ver cómo en muchas congregaciones enseñan a practicar activamente declaraciones de una fe que no admite suposiciones, y es así como a veces oímos decir o incluso hemos dicho: "Me declaro en victoria", "me declaro sano", "me declaro libre de opresión", "proclamo libertad financiera para mi vida".

 Pero ¿existirá otra forma de expresar la fe? 😬🤔

Hoy, Himnario Evangélico te invita a explorar un pasaje bíblico en donde se encuentra una historia extraordinaria que nos enseña ese lado de la fe que casi siempre ignoramos.

La historia se halla narrada en el libro de Daniel, un libro que cuenta sobre la vida del pueblo de Israel en tierra de Babilonia, el gran imperio que había logrado reducirlos a esclavitud. Hubo un rey muy poderoso que no tenía temor de Dios, mandó a construir una estatua en honor a su dios para que todos los suyos la adoraran, incluyendo sus esclavos. Adorarla no significaba nada, pero no hacerlo implicaba una muerte violenta.

En el capítulo tres y versículo doce, encontramos que tres jóvenes israelitas fueron hallados "culpables" de no haber cumplido con la orden del rey al no inclinarse ante aquel monumento. ¿La razón? Ellos solo podían adorar a uno, al Dios de sus padres, al Dios de su pueblo.

El rey, confundido y molesto, aún les dio otra oportunidad para "redimirse", o de lo contrario sufrirían el más violento castigo al ser arrojados inmediatamente a un horno de fuego calentado en extremo, construido especialmente para "herejes". Y entonces ocurre algo sorprendente: Dijeron que NO, no adorarían, afirmando que el Dios al cual servían podía librarlos del horrendo destino que les esperaba...

Hasta ahí todo bien con su fe, todo cuadra con la fe que siempre hemos oído, o que hemos proclamado más de alguna vez. Sin embargo, ellos añaden algo más:

3-18 "Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses..."

"Y SI NO".

Es decir, que ellos, a pesar de que tenían fe, mostraron algo más profundo que una fe sin dobleces: Lealtad a la fe, es decir, no una declaración cualquiera, sino una demostración de valor, que colocaba a Dios en el lugar de Soberano... de que Él tenía la última palabra, la cual pudo haber sido un NO. Pero Dios, teniendo la soberanía para decidir no salvarlos cumpliendo algún propósito perfecto, decidió ser fiel a la fe de los tres muchachos y salvarlos aquel día de en medio del horno de fuego donde ya cumplían la sentencia real.

Como la fe leal de los tres que no cedieron ante Nabucodonosor, rey de Babilonia, debemos ejercer la nuestra y estar preparados para defenderla ante quien sea, asumiendo esto: que Dios decidirá al final lo que hará, y que no siempre será conforme a nuestra voluntad, sino a la de Él.


¿Has comprendido el propósito de este mensaje?, escribe Amén.


Comentarios

Anónimo dijo…
Es increíble la forma en que Dios nos habla con base a su palabra Amén.
Tecnología Nel dijo…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Tecnología Nel dijo…
Así es como Dios nos enseña su amor a través de su fidelidad a nuestra fe.

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